Parte I

Parte I: Tiempos inciertos, vidas inestables

La vida siempre ha sido incierta. El mundo ha hecho frente a guerras, pandemias y enormes amenazas naturales anteriormente. La incertidumbre actual no es necesariamente mayor que en el pasado. De hecho, a la vista de los logros sin precedentes en el nivel de vida y los ingresos medios, junto con un progreso tecnológico asombroso, podría esperarse que estuviéramos más preparados que nunca para adaptarnos a tiempos de incertidumbre. Sin embargo, tenemos una gran preocupación por el futuro, que a menudo va en aumento. Entonces, ¿qué está ocurriendo? ¿Por qué se preocupan tanto las personas, y qué les preocupa? Si el mundo de hoy no es más incierto que el del pasado, ¿acaso son diferentes los tiempos de incertidumbre actuales? En caso afirmativo, ¿de qué forma? Y, ¿cómo se relacionan estos tiempos de incertidumbre con el desarrollo humano?

Las guerras y las pandemias son una amenaza para el desarrollo humano. El Antropoceno crea nuevos riesgos para el ser humano y agudiza las desigualdades entre las personas. Al hacer frente a estas dinámicas y reducir las presiones planetarias, nuevos tipos de retos e incertidumbres cobran protagonismo. La asombrosa innovación tecnológica es prometedora, si bien también presenta circunstancias nunca vistas. Si se contemplan aisladamente, los diversos retos actuales no son nuevos, pero su interacción presenta un nuevo complejo de incertidumbre, lo que provoca inestabilidad en las vidas de las personas. No hay duda de que el nivel de preocupación es alto: 6 de cada 7 personas en todo el mundo afirman sentirse inseguras con respecto a muchos aspectos de su vida.

Capítulo 1

La preocupación acerca del mundo y su futuro es alta y a menudo va en aumento, a pesar de unos niveles promedio de prosperidad material sin precedentes. Este capítulo propugna que la confluencia de retos para el desarrollo tiene lugar a una velocidad y escala superiores a las que el ser humano ha experimentado anteriormente, con tres fuentes nuevas o cambiantes de incertidumbre que interactúan entre sí y se superponen a privaciones ya existentes: el contexto del peligroso cambio planetario del Antropoceno y su interacción con las desigualdades humanas, los esfuerzos deliberados por lograr una transición de nuestras sociedades industriales hacia un futuro con bajas emisiones de carbono y la intensificación de la polarización política y social entre los países y dentro de ellos, facilitada por el uso que se hace a menudo de las nuevas tecnologías digitales. Este capítulo gira en torno a estos nuevos contextos de incertidumbre.


Capítulo 2

En un contexto de vidas inestables que afrontan incertidumbres multidimensionales, el bienestar mental y la resiliencia psicológica son esenciales para el desarrollo humano. Los nuevos riesgos antropogénicos —como, por ejemplo, un mayor número de fenómenos meteorológicos extremos con consecuencias traumáticas, la pérdida de biodiversidad y los virus desconocidos y sus variantes—, además de las amenazas tradicionales como la inseguridad económica y alimentaria, y la discriminación y la violencia, causan sufrimiento mental. En ocasiones, este evoluciona hacia trastornos mentales, como ha sido el caso en 1 de cada 8 personas de todo el mundo. Esta situación obstaculiza el desarrollo humano, ya que el sufrimiento mental imposibilita la capacidad de las personas de transformar los recursos en logros, desarrollar su pleno potencial y llevar una vida cuyo valor se basa en argumentos fundados (figura 3). Los niños y las niñas se ven especialmente afectados, puesto que el estrés tóxico altera el desarrollo mental y físico, lo que a su vez limita las oportunidades actuales y futuras.

Los diferentes niveles de exposición a los factores de estrés entre las personas pueden agravar y perpetuar las desigualdades en ciclos intergeneracionales de sufrimiento mental y dificultades socioeconómicas, incluida la violencia. Pero no tiene por qué ser así. Existen tres tareas cruciales que las personas y los responsables de la formulación de políticas pueden llevar a cabo para interrumpir estos ciclos, a saber: prevenir el sufrimiento, mitigar las crisis y generar resiliencia psicológica. En este último caso, el acceso a la atención de la salud —que actualmente es un privilegio únicamente de alrededor del 10% de la población mundial— se debe ampliar sustancialmente para alcanzar la cobertura universal.


Capítulo 3

La incertidumbre conlleva oportunidades y peligros; nos corresponde a todos inclinar la balanza en favor de las primeras. La promoción del desarrollo humano no es únicamente el objetivo, sino también el medio para encarar estos tiempos de incertidumbre y propiciar los cambios de comportamiento y las reformas institucionales que nos permitirían configurar un futuro más esperanzador. El desarrollo humano consiste en ampliar las capacidades, tanto del bienestar como de la libertad y la capacidad de actuar. Este capítulo analiza cómo la capacidad humana puede ser un medio que favorece las transformaciones sociales y económicas.

La transformación es una oportunidad de dar forma a un mundo más justo para las personas que viven hoy en día y las que lo harán en el futuro; para ello, se deben abordar los sistemas políticos, económicos, sociales y culturales que subyacen a las presiones planetarias, las desigualdades, la pobreza y la inseguridad. Al ampliar la perspectiva de cómo se toman las decisiones, se generan nuevas posibilidades para afrontar las incertidumbres con las que vivimos actualmente. El cambio de comportamiento y la reforma institucional y de políticas son mutuamente dependientes: las decisiones institucionales y su eficacia al determinar los mejores resultados están relacionadas con los comportamientos y “diversas circunstancias sociales, económicas, políticas y culturales”. Por otro lado, los debates públicos y los procedimientos de decisiones sociales influyen en la interacción entre los comportamientos y las instituciones.

Parte II

Configurar nuestro futuro en un mundo en transformación

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