Introducción

Informe sobre desarrollo humano

Vivimos en un mundo de preocupaciones: la pandemia de COVID-19 persiste, hay guerra en Ucrania y otros lugares, las temperaturas baten récords, se registran incendios y tempestades. Cada uno de estos sucesos es una manifestación inquietante de un nuevo complejo de incertidumbre (figura 1) que altera las vidas de las personas en todo el mundo. Este complejo se deriva de tres fuentes de incertidumbre mundiales nuevas e interconectadas: los sistemas planetarios desestabilizados del Antropoceno, la búsqueda de transformaciones sociales de gran envergadura para aliviar las presiones planetarias y la intensificación generalizada de la polarización.

Figura 1 Un nuevo complejo de incertidumbre

La sensación de inseguridad crece en casi todo el mundo, una tendencia que lleva gestándose como mínimo un decenio. Dicha tendencia surgió mucho antes de la pandemia de COVID-19, la cual, por primera vez en la historia, hizo retroceder el desarrollo humano a escala mundial durante dos años consecutivos (figura 2).

El aumento generalizado de la inseguridad ha tenido lugar en un contexto de asombroso progreso mundial (a pesar de los efectos de la pandemia de COVID-19) según los indicadores de bienestar convencionales, como, por ejemplo, el Índice de Desarrollo Humano (IDH).

¿Qué está ocurriendo? ¿Cómo nos ayuda la perspectiva general del desarrollo humano a comprender y responder a esta aparente paradoja de progreso con inseguridad? Estas preguntas son las que motivan el Informe de este año.

El Informe sobre desarrollo humano 2019 analizó cómo se perpetúan las desigualdades del desarrollo humano.

El Informe sobre desarrollo humano 2020 se centró en cómo estas desigualdades crecen y se exacerban por el peligroso cambio planetario del Antropoceno.

El Informe especial sobre seguridad humana 2022 del PNUD examinó la aparición de nuevas formas de inseguridad.

El Informe sobre desarrollo humano 2021/2022 reúne y amplía estos debates encuadrándolos en el tema de la incertidumbre: cómo está cambiando, qué consecuencias tiene para el desarrollo humano y cómo podemos sobrellevarla.

El mensaje fundamental del Informe de este año es muy claro: para que las nuevas incertidumbres sean una oportunidad y no una amenaza, tenemos que impulsar el desarrollo humano a fin de aprovechar nuestras capacidades creativas y de cooperación.

Para ello, debemos:

  • expandir la capacidad de actuar y las libertades humanas, además de los logros en materia de bienestar;
  • ampliar la perspectiva sobre el comportamiento humano, trascendiendo los modelos de interés propio racional para incluir las emociones, los sesgos cognitivos y el papel fundamental que desempeña la cultura;
  • implementar políticas inteligentes y prácticas que se centren en los tres aspectos siguientes (o las “tres íes”, por sus iniciales en inglés):
    • la inversión, a fin de crear las capacidades que las personas necesitarán en el futuro y favorecer las condiciones socioeconómicas y planetarias para que la humanidad prospere,
    • los seguros, a fin de proteger a la población de las contingencias inevitables de una época incierta y salvaguardar las capacidades de las personas, incluidas sus libertades fundamentales (seguridad humana),
    • la innovación, a fin de generar capacidades que podrían no existir actualmente.

La dirección que tomemos a partir de ahora depende de nosotros.

Parte I

Tiempos inciertos, vidas inestables

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